Os presento de nuevo a Álex, el autor de InteligenciaNarrativa.com

Es asesor de escritores y guionistas, les ayuda a alcanzar sus objetivos y metas literarias. Si te gusta leer, escribir, o te interesa la narrativa, no dudes en visitar su blog. Te ayudará eficientemente y superarás bloqueos y barreras que creías infranqueables. ¡Es todo un genio en su trabajo!

El post de hoy corre de su cuenta. ¡Disfrutadlo!

el mundo como algo maraviloso

Es asombroso cómo cambia el mundo con algo tan simple como el punto de vista. Lo que para ti es insoportable, para otra persona es armonioso. Lo que para ti es asqueroso, para otra persona es un manjar. Lo que para ti aburrido, para otra persona es emocionante. Porque todo depende del punto de vista.

Pero percibir el mundo como algo maravilloso no consiste en inyectarse una sobredosis de unicornios, fresas y purpurina para verlo todo rosa. En absoluto. La felicidad que nos aporta la inocencia es tan efímera como el tiempo que tardamos en darnos de bruces contra la realidad. Entonces, ¿qué podemos hacer para ver el mundo como algo maravilloso a pesar de los latigazos que nos da la vida y de todos los males que nos afligen?

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
Benjamin Franklin

 

Cometemos el error de pensar que la felicidad es un objetivo a largo plazo, cuando la auténtica felicidad surge día a día. Y no importa cuántos latigazos nos den, si somos felices, sabremos sobreponernos mucho más rápido. Para cuando queramos percatar en el dolor, estaremos tan ocupados siendo felices que no nos daremos ni cuenta del daño que nos han hecho.

¿Cuántas veces te has preocupado por algo antes de que ocurriera, y al final no era para tanto? Noches en vela en vano, para nada.

¿Cuántas veces le has dado vueltas a un problema que no tiene solución? Vale, la has cagado, acéptalo y sigue adelante. Sigue con tu vida en lugar de perder el tiempo preocupándote por un barco que ya ha zarpado.

Quiero compartir contigo unos consejos para facilitarte esa felicidad de cada día. Para que seas más consciente de tus emociones y puedas disfrutar el doble de la vida.

El conocimiento te acerca a la felicidad.

Dicen que la ignorancia da la felicidad, pero no es cierto. Al contrario, alguien demasiado ignorante como para entender la tristeza tampoco es capaz de entender la felicidad. Nunca dejes de aprender, porque la sabiduría te ayuda a comprender el auténtico significado de las cosas y eso es clave para poder disfrutar al máximo de cada momento. Más adelante descubrirás el por qué con un claro ejemplo.

Sé consciente de lo afortunado que eres en cada momento.

Aquí es muy típico pensar “yo soy consciente, sé la suerte que tengo”. Es lo que siempre decimos ante una aseveración como ésta. Pero a los cinco minutos se nos olvida y volvemos a caer en la mecánica inconsciente de lo que se conoce como “Problemas del Primer Mundo”.

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Nos enfadamos si el smartphone se queda sin batería cuando hemos salido, como si dependiéramos de cuatro rayitas verdes para disfrutar de un gran día.

Nos irritamos cuando el repartidor trae la pizza fría, cuando cada año mueren de hambre casi 6 millones de niños en el mundo.

Nos frustramos por no llevar ropa de marca, o porque nuestros pantalones están pasados de moda, como si llevar un bordado de un cocodrilo o un señor jugando al cricket nos fuese a hacer más felices.

En lugar de distraerte o preocuparte tanto con detalles absurdos, sé consciente de tu presente y presta atención a quienes te rodean. La empatía es una de las virtudes más poderosas que puede tener un ser humano. Nos ayuda a valorar lo que tenemos y nos enseña a ser más generosos, más felices.

Si estás compartiendo una tarde con esa persona especial, ¿acaso importa la batería de tu móvil? ¿Acaso importa la marca de tu ropa? ¿Acaso importa si está lloviendo o hace Sol? Todo lo que necesitas para disfrutar de una tarde maravillosa está a tu lado en ese momento. En lugar de preocuparte por la gran felicidad que nunca te llega, disfruta de la pequeña felicidad que tienes ahora.

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Sé optimista, siempre.

Siempre que te ocurra algo malo, intenta imaginar cómo la misma situación empeora. O recuerda alguna vez que hayas estado peor. Ya verás qué rápido se te quitan las ganas de quejarte.

Yo, personalmente, lo hago mucho cuando se trata de mi salud. Y siempre me funciona. Si me pica un mosquito y empiezo a quejarme del picor, me paro y me pongo a recordar aquella vez que tuve una gastroenteritis terrible, que casi ni lo cuento. Recuerdo que el dolor no me dejaba dormir. Ese dolor, comparado con la leve molestia que me supone la picadura, me ayuda a darme cuenta de lo idiota que soy por quejarme de semejante tontería. Entonces, consciente de la suerte que tengo por estar sano, doy gracias en vez de quejarme.

Viaja si te lo pide el alma.

Viajar siempre se ha considerado una de las actividades más enriquecedoras para el ser humano. No obstante, gracias al empuje de la publicidad y los medios de comunicación, el concepto viajar ha tomado un significado muy distinto. Ahora hay gente que viaja por moda, porque las fotos de lugares exóticos en Instagram quedan muy guays, o porque les han dicho que los cubatas de las discotecas de ese país están muy baratos.

Los auténticos viajeros son los que viajan porque lo necesitan, porque algo en su interior se lo pide a voces.

Y luego están los que viajan porque les han dicho que viajar está de moda. Como esas personas que van a la playa en los pocos días libres que tienen de vacaciones. Y no porque les apasione el mar, sino porque es donde van de vacaciones la mayoría de personas. Si tú eres de esos que va cada verano a la playa, desde niño, y aún no sabes por qué, párate y piensa. ¿Realmente te gusta? ¿Realmente es lo tuyo? Hay un millón de formas de relajarse y de disfrutar de unas vacaciones inolvidables. No utilices el dinero como excusa, porque los chiringuitos de la playa no es que sean precisamente baratos. ¿Qué tontería es esa de ir todos los veranos a la misma playa? La Tierra tiene 510.072.000 km², ¿y llevas toda tu vida clavando la sombrilla en el mismo rincón, de la misma playa? Un poco triste, ¿no?

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La estructura que aparece en la imagen de arriba es un torii.

Estéticamente, el torii es precioso, huelga decirlo. No obstante, aunque los turistas que visitan Japón casi siempre se fotografían junto a uno, ¿acaso tienen una ligera idea de su significado? ¿Acaso entienden la importancia que tiene, o lo afortunados que son por poder estar tan cerca de algo así? Me temo que, la mayoría, no tienen ni idea.

Para ellos, para los turistas de gorra y chiringuito, un torii son tres palos rojos con un nombre muy gracioso.

¿Pero qué es y qué simboliza realmente el torii?

El torii es un arco tradicional japonés que sirve de entrada a santuarios sintoístas, aunque dado su valor simbólico y ritual, también puede encontrarse en mitad de la naturaleza. El torii marca la frontera entre el espacio profano y el sagrado, es una puerta dimensional, cuyo umbral purifica a quien lo cruza. Es una puerta a otro mundo, un mundo espiritual.

Ahora, te pegunto: ¿No crees que sabiendo esto, cuando estés a punto de atravesar el umbral de un torii, lo disfrutarás muchísimo más?

Así ocurre con todo. El conocimiento te hace valorar las cosas que te rodean, para darte cuenta de lo afortunado que eres en cada momento.

Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.
François de La Rochefoucauld

Ilusiónate y sueña

La ilusión es el perfecto aderezo de la felicidad. ¿Por qué siempre que nos dan un regalo sonreímos? No hemos visto el contenido, incluso puede que dentro haya unos calcetines, pero aún así sonreísmos. Es por la emoción que nos genera la ilusión de descubrir algo nuevo. Y si el regalo te decepciona, encima no te quejes. Se supone que un regalo es algo que no esperas, así que, por muy malo que este sea, como mínimo te quedarás como estabas. Bueno, como mínimo no, porque habrás saboreado esa ilusión que tanto nos gusta.

Espero que todo esto te haya hecho pensar y reflexionar sobre tu vida. El simple ademán de pensarlo es el primer paso hacia la auténtica felicidad. Disfruta de los pequeños momentos de felicidad en lugar de buscar un fin de felicidad suprema, porque si los vas juntando todos, poco a poco, habrás acumulado tanta felicidad que eclipsará ese “fin de felicidad suprema” que nunca llega.

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