Autoexigencia y Perfeccionismo: 7 claves para manejarlos

Parte de lo común de vivir en esta sociedad moderna, es estar constantemente rodeados de personas que evalúan o valoran nuestro trabajo o acciones. Jefes, compañeros de trabajo o incluso nuestra propia familia o pareja. Pero en muchas ocasiones el mayor caudal de autoexigencia proviene de nosotros mismos. 

¿Te suena familiar el hecho de criticarte muy severamente por algo que otros quizás no juzgan tan duro? ¿O ponerte patrones de evaluación demasiado difíciles de satisfacer? Pues la realidad es que nuestro peor enemigo a veces vive dentro de nosotros mismos. Y bien podrás notarlo si distingues en ti, actitudes que en vez de inspirarte a aprender de tus tropiezos y errores, los castigan como si fuesen lo peor del mundo.

Y con esto no quiero decir que la autoexigencia sea algo negativo. ¡En absoluto! Es justamente esa capacidad de autogestionarnos, impulsarnos y querer mejorar cada día, la herramienta que nos permite convertirnos en mejores personas a nivel integral. Pero cuando en vez de impulso, esta autoexigencia se convierte en castigo y en saboteo, es hora de prestarle toda tu atención.

¿Qué es la autoexigencia y por qué puede volverse perjudicial?

La autoexigencia es un actitud de crítica y de evaluación constante a nosotros mismos. Bien empleada puede ser un potente motor de desarrollo personal. Pero cuando la autocrítica se vuelve patológica, se escapa al control de la persona y acaba perjudicando su desempeño y su autoestima.

La autocrítica suele adoptar la forma de comentarios negativos, que se centran en los errores cometidos o en los objetivos no alcanzados. Y sobre todo, es una crítica que no es constructiva porque no nos orienta sobre cómo utilizar nuestras fortalezas para mejorar nuestras debilidades. No nos ayuda a crecer de ninguna manera, sino que al contrario, desvaloriza nuestros esfuerzos y avances.

En otras palabras, cuando la autoexigencia se transforma en una crítica patológica, se deja ver en una voz negativa que no nos abandona y que constantemente está recordándonos nuestros fracasos o nuestra falta de perfección. Nos dice lo que sale mal, nos compara con los demás, con sus logros y sus habilidades, y establece estándares imposibles de perfección. Por tanto, es necesario saber afrontar la autocrítica de forma objetiva y adaptativa.

Enfrentar la autocrítica es una tarea que muchas veces resulta difícil, ya que somos nosotros mismos quienes generamos estos mensajes y los repetimos día a día. Dotamos a esos pensamientos negativos de un gran poder, y como la voz negativa viene de nuestro interior, se hace casi imposible ignorarla. 

Esta voz diciéndonos constantemente cosas como «No lo has hecho bien», «Tu colega hace un mejor trabajo que tu», «Podrías hacerlo más rápido», «Ya deberías tener más éxito»… entre un sinfín de pensamientos negativos, simplemente se constituyen como un ancla para tu desarrollo y una fuente de lesiones para tu autovaloración.

Entonces, ¿Cómo puedes afrontar la autocrítica? 7 claves básicas

La autoexigencia debe ser medida de una manera estrecha. Cuando nos percatamos de que se convierte en una crítica permanente y dañina, es hora de ponerle límites. Acompáñame a que veamos las principales claves para controlar tu voz negativa y evitar que tu autoexigencia limite tu desarrollo personal.

1. Conócete a ti mismo y domina tu voz interior

El primer paso para afrontar adecuadamente la autoexigencia y autocrítica es conocerte a ti mismo. Tienes que analizar sobre qué temas específicos son tus críticas y qué pensamientos se asocian a ellas. Se trata de identificar qué mensajes te das, en qué situación, qué sientes y qué piensas. Puedes llevar un registro escrito para que luego puedas analizar las críticas a ti mismo en detalle y con tranquilidad, cuando tengas un tiempo para dedicarte a ello.

2. Descubre cuáles son las emociones que despiertan tu voz crítica

Una vez que hayas logrado identificar qué forma tiene tu autocrítica y qué emociones y pensamientos están asociados con ella, deberás ir al siguiente paso: desenmascarar el propósito de estas críticas. ¿Qué es lo que te intentan mostrar tus emociones? ¿Qué miedo es el que mueve estas críticas? Cuando logres definir cuáles son los sentimientos que hay detrás de esta autoexigencia mal enfocada, podrás conocer y tratar el origen.

3. Diferencia la motivación de la autolesión

Como te contaba al inicio del post, la autoexigencia puede ser una herramienta muy positiva para tu crecimiento personal. Los seres humanos estamos configurados para orientar nuestro comportamiento hacia el logro de metas. Si esa condición de exigirte a ti mismo te impulsa a crecer, a aprender de tus errores, a superarte e ir por el siguiente nivel en tu evolución, te resultará muy positiva. Si en cambio se convierte en una crítica patológica y no conducente a ningún lugar, solo servirá para autolesionarte, dañar tu autoestima e incluso perder de vista el objetivo que perseguías en primera instancia.

4. Huye del perfeccionismo

Otra de las claves para mantener la autoexigencia bajo control, es huirle al perfeccionismo. Está bien que quieras ser cada día mejor en lo que hagas, pero cuando esto se transforma en una obsesión constante por lograr un ideal de perfección que en realidad no existe, estarás a un paso del estrés, la ansiedad y la frustración, lo que sin lugar a dudas terminará por empeorar tu desempeño.

Somos seres humanos y esa condición implica el hecho de que cometemos errores. Y no importa cuán bueno seas en una actividad, si te enfocas en la autocrítica patológica, siempre hallarás algún motivo que te separe de ese perfeccionismo extremo que solo tiene lugar en tu propia mente.

5. La autoexigencia y autocrítica: ¿Te mentalizan para el fracaso?

La autocrítica puede darte la falsa percepción de estar preparándote para un posible fracaso. Si crees que no lo estás haciendo bien y te das este mensaje de manera constante, parecería que si fallas, ya lo esperabas. Esto es una ilusión. Si fallamos, nos afectará aún más, porque la autocrítica prolonga el tiempo que estamos recibiendo mensajes negativos y estos terminan validando nuestra experiencia.

6. Relativiza y cuestiona tus pensamientos

Para poder afrontar la autocrítica de forma eficaz necesitamos ser capaces de distanciarnos de nuestros pensamientos y entenderlos como contenidos mentales, y no como verdades absolutas. La distancia de los pensamientos es una capacidad que podemos lograr mediante la práctica y modificación de ciertos hábitos mentales.

Entrena tu mente en la observación de tus propios pensamientos. Aíslate de ellos y velos como un simple contenido, que puedes aprovechar o desechar de acuerdo a si aportan o no valor a tu vida. Programa tu mente para quedarte solo con aquellos pensamientos que te ayudan a sentirte mejor y convertirte en una mejor persona.

7. Define cuáles miedos son propios y cuáles reproduces de otras personas

A veces la autoexigencia es un patrón de comportamiento que no viene dado directamente por nosotros, sino por influencia o presiones de nuestro entorno. Y para combatir estas críticas patológicas y dañinas, es fundamental que sepas de dónde vienen esos patrones. Para ello, puedes preguntarte: ¿Esta forma de criticarme es copia de alguien? ¿Es el resultado de mi voluntad personal o he aprendido que es la mejor manera de mejorar mi desempeño? ¿Realmente quiero ser así?

A veces esta clase de comportamientos son marcados por una crianza muy dura, un padre o madre demasiado exigentes o un entorno personal extremadamente competitivo. Descubre de dónde te llegan estas actitudes y podrás empezar el camino hacia su transformación.

La autoexigencia, cuando se convierte en algo desmedido, que te obliga al perfeccionismo y te desgasta en cada pequeño error, no solo puede lesionar la valoración que tengas de ti mismo, sino que te restará fuerzas para emprender en otros proyectos.

En este sentido, lo fundamental para superar una situación como esta es profundizar en ti mismo, en cuál es la información que manejas sobre ti, cuáles son tus temores más profundos y de dónde vienen, cuáles son tus expectativas de vida. Enfrentar la autocrítica implica una modificación de tus hábitos y un profundo cuestionamiento a tu manera de pensar. Solo construyendo una relación diferente contigo mismo, podrás superar tus inseguridades y aprovechar la autoexigencia, no como algo negativo, sino como una motivación para alcanzar tu propia definición de éxito.

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