la envidia sana no existe

Que quede claro: la envidia sana no existe.

Y no es que la envidia sea mala por naturaleza. No. Lo que no existe es lo que comúnmente llamamos envidia sana, al menos no deberíamos llamarla con ese nombre, porque no nos deja en una posición adecuada para actuar en consecuencia.

Intentaré explicarme y te daré las pautas para cambiar esta “envidia sana” y mejorar tu vida a partir de hoy con mi técnica take-away.

La envidia: un pecado capital

Todos hemos oído hablar de los pecados capitales: soberbia, avaricia, gula,lujuria, pereza, envidia e ira.

Nadie quiere ser un pecador, al menos eso hemos aprendido, por lo tanto queda feo señalar nuestras debilidades: somos vagos, envidiosos, soberbios, avariciosos,…

Y si no podemos decir que tenemos envidia, pero la sentimos realmente, es más apropiado decir que lo que tenemos es “envidia sana”, pero no deja de ser una falsa atribución.

Es como querer maquillar o disfrazar una emoción poniéndole un nombre políticamente correcto.

¿Por qué decimos que lo que tenemos es envidia sana?

Podríamos decir que hay dos tipos de envidia, para hacerlo sencillo diremos que existe una envidia mala y una buena.

ENVIDIA MALA (envidia corrosiva)

Surge a partir de un odio hacia la persona que posee algo que tú quieres para ti, sea un bien material o inmaterial. Puede derivar en crueldad, actos llenos de ira o difamaciones cargadas de pensamientos y deseos negativos hacia la otra persona.

Decimos que es mala porque puede ser muy dañina e irracional y, además de ser mala para la persona que la recibe (puede llegar a ser víctima de malos tratos por parte de la persona envidiosa), también es mala y destructiva para la persona que ostenta la envida (llena su cuerpo de hormonas y sensaciones nada placenteras).

Esta envidia insana puede derivar de una falta de autoestima, de un complejo de inferioridad, de la ignorancia y de un sentimiento de infelicidad inmenso. Las personas que sienten este tipo de envidia es porque no se hacen responsables de su felicidad e intentan desbaratar la felicidad de los demás, lo que continúa alimentando su círculo vicioso de envidia y falta de conciencia emocional.

ENVIDIA BUENA (la llamada envidia sana)

Surge de una disonancia entre lo que posee otra persona y que tú quieres para ti, en este sentido comparte la misma raíz de envidia que mencionábamos en la “envidia mala”. Pero en este caso la persona que siente la envidia, si profundiza un poco en sus emociones, encontrará una base emocional basada en la admiración y el respeto a la otra persona. No le desea ningún mal, al contrario, la admira y le gustaría tener o poseer lo que aquella tiene.

Por eso se dice “envidia sana”, que no es más que un sentimiento de envidia inicial que no tiene las connotaciones destructivas de una envidia exacerbada. Sin embargo, sin nos ponemos puristas, no es envidia realmente lo que sentimos: es respeto, es motivación, es inspiración.

Lo que nos produce la otra persona son unas ganas de autosuperación y de aprendizaje.

Por lo tanto, la diferencia entre una envidia destructiva y malsana y la envidia sana y productiva, sería la respuesta que genera en ti la emoción subyacente: responder agresivamente o proactivamente.

Responder de manera agresiva sería ser víctima de la envidia y dejarte corroer por ella. Como crees que los demás tienen algo que tú no tienes, es mejor no hacer nada y sentir que tú eres la víctima de todo.

Responder de manera asertiva y proactiva sería aceptar que sientes envidia pero te pones en marcha para hacer las conductas necesarias para generar cambios positivos que te permitan conseguir aquello que te falta. Esa es la actitud adecuada: autosuperación, crecimiento, autoconocimiento y desarrollo de tu potencial.

Ahora que sabes la diferencia entre una envidia sana y una que no lo es… ¿Qué vas a hacer?

Te dejo mi técnica Take-away para cambiar tu envidia y ponerte a ti mismo en una postura que favorezca tu cambio personal y emocional.

 

Take AwaTaeTécnica Take-away:
Convierte tu envidia en algo positivo.

1. Detecta una situación donde hayas sentido envidia pura y dura o “envidia sana”.

Puede ser una situación donde hayas sentido envidia por algún bien material o por alguna cualidad o habilidad que tenía alguien y tú echabas en falta en ti. Intenta encontrar una situación (lo más cercana posible) donde hayas experimentado esta sensación de envidia de la que hablamos.

2. Búscale la intención positiva a esa envidia.

Pregúntate, ¿realmente qué hay debajo de esa envidia? Pregúntate, si quitaras la envidia que está en la superficie y es la emoción que “sobresale”… ¿qué quedaría? Puede ser que te guste vivir como vive esa persona o ser igual de libre o respetado. Busca esa necesidad que está debajo de la envidia.

3. ¿Qué te invita a hacer esa emoción?

Las emociones son energía que te mueve a hacer algo en concreto. Si ya conoces la necesidad que subyacía a tu envidia y conoces la emoción original… ¿qué te pide hacer: quedarte quieto y ser una víctima o ser proactivo y buscar tu bienestar emocional? Sé responsable al 100% tanto de lo que decides hacer como de lo que decides no hacer.

4. ¿Qué vas a hacer ahora para volver a tu estado de bienestar?

Llegados a este punto, es posible que ocurran dos cosas: o bien vuelvas a tu estado anterior y sigas como estabas hasta ahora o bien decidas cambiar y aprender de la situación. Si ocurre lo segundo, deberás elaborar un plan de acción que te lleve a conseguir aquello que te falta, aquello por lo que sentiste una envidia inicial. Si envidiabas un puesto de trabajo, ¿qué puedes hacer para conseguirlo tú? Si envidiabas la felicidad de alguien, ¿qué está en tu mano para tener tú mismo esa misma felicidad?

 

Soy partidaria de que desarrollar la inteligencia emocional es el primer paso para el éxito. Las personas exitosas y triunfadoras, los buenos trabajadores, los estudiantes más brillantes ya no son los que más CI tienen, sino los que tienen un alto CE (Cociente Emocional).

Para desarrollar una buena inteligencia emocional es necesario conocer tus emociones. Todo cambio y revolución empieza por uno mismo, y cuando aparece la envidia no es más que para señalarte lo que te falta.

De ahí que la envidia no sea mala per se, sino que es una emoción instrumental: la envidia y la envidia sana te ayudan a cambiar tu actitud para desarrollarte y crecer como persona.

¿Y tú? ¿Qué has aprendido de tu envidia? Déjamelo en los comentarios.

 

18 Comentarios

  1. Muy acertado su artículo del día de hoy. Soy un seguidor de sus comentarios y enseñanzas y me ha servido muchísimo en mi crecimiento personal, felicidades.

  2. Hola Ana, tengo una duda y me gustaría si es posible que me saques de ella.
    A Mi no me da envidia de que otra persona tenga más dinero que yo, mejor casa, mejor coche, mejor tipo, más guapa, etcétera etcétera. Incluso me alegro que a todo el mundo le valla muy bien, por que pienso, si yo tengo amigos, vecinos y familia, que tienen posibles, salud y demás si yo alguna vez necesito algo me podrán ayudar más que si están en mi misma situación? Quizás yo tenga mucha suerte y este rodeada de buena gente y por eso no me producen envidia? Yo me gustó como soy con mis defectos y mi virtudes y lo único que hago es intentar mejorar lo máximo posible como persona, por que eso no termina nunca, siempre hay que seguir mejorando.
    La única envidia que tengo, no sé si es sana o no, es cuando veo una persona muy culta y sencilla, me gustaría saber cómo ella. Esta es la pregunta, tu crees que es envidia, sana, insana,? Pero eso tambien me motiva para seguir formándome y aprendiendo. No les tengo rabia sino administración.
    Un abrazo

  3. Hola Santiago.

    Me alegra que te gusten las entradas.

    La relativa a la procrastinación lo estoy dejando para mañana 😛 (es broma, pronto publicaré sobre ello).

    Un abrazo y gracias por tu comentario

  4. ummm envidia sana versus motivación, admiración, nunca lo hubiera expresado mejor… gracias mil
    y ahora que hablas de procrastinacion… uff eso es muy interesante, para cuando un entrada sobre ello?
    gracias y animo me encanta las cosas que dices, y no tanto lo que dices sino como lo enfocas… grr que envidia sana me das, (otro mas)
    un saludo

  5. Hola Iván 😀

    Me encanta ver tu reflexión y lo que haces con tu envidia. La clave es esa, detectar en qué tenemos que mejorar Y HACERLO. Los post los escribo para que los take-away se usen, no para que se quede como un mero “ah, pues mira que bien”. Quien se quiera sentir aludido, genial, y quien no, también genial.

    Yo mientras sigo mejorándome cada día 😉

    Gracias por tu comentario. Un abrazo

  6. Hola Andrés.

    Es para pensar… yo misma he dicho muchas veces lo de que tenía envidia sana, pero me puse a analizarla y llegué a la conclusión de que es una falsa atribución. No es buena para mí ni para la persona a la que envidio. O me pongo en marcha y cambio cosas, o lo dejo estar, pero nada de envidia. ¡Fuera!

    Me alegra que te haya hecho cambiar a ti también. Un abrazo

  7. estoy de acuerdo en que la envidia puede ser una buena herramienta de autoconocimiento

    creo que lo que diferencia a la envidia “corrosiva” de la envidia “sana” es

    por un lado una concepcion del mundo de escasez, solo hay determinada cantidad de felicidad o riqueza y la que tenga otra persona no puedo la tener yo, o una concepcion de abundancia, en el universo hay riqueza y felicidad para todos

    y por otro lado una cuestion de auto-imagen: ¿merezco yo tener esa riqueza y ser feliz?

    la reaccion sera completamente distinta si partimos de una vision de escasez y/o baja auto-estima probablemente intentaremos disminuir a la otra persona para igualarnos, sin embargo si partimos de una buena auto-estima y una concepcion abundante tenderemos a querer desarrollarnos como personas

    ¿y yo que he aprendido de mi envidia?

    pues yo cada vez que me veo en un pensamiento de escasez o baja auto-estima me doy cuenta de que aun tengo que crecer un poco mas y limpiar los cristales de mis gafas

    ah, el take-away me lo llevo!

    un saludo
    ivan

  8. Hola Ana

    Este artículo me ha hecho pensar.
    Durante años viví pensando que era bueno tener “envidia sana”, cuando la misma palabra “envidia” dice lo contrario.

    Creo que desde ahora dejaré de tener “envidia de la buena” y empezaré a reconocer que admiro a ciertas personas, intentando copiar lo bueno de ellas, sin emociones negativas de por medio. 🙂

    Un saludo!

  9. Hola Ana,

    Descubrí tu blog esta semana y me encanta! Buen post sobre la envidia y me parece una muy buena idea la técnica take away. ¿es esto envidia sana? gracias por escribir. Un saludo!

  10. Hola Jesús.

    Buena apreciación… sólo espero que no me tiren tomates 😛

    Como siempre, el cambio empieza en nosotros mismos. Si no nos damos cuenta ni nos sentimos aludidos, poco podremos cambiar. Ahí está la clave.

    Gracias por pasarte. Un abrazo

  11. Alberto Esencial, qué alegría me da leerte por aquí, no te haces una idea 😀

    Tu reflexión no es acertada, es acertadísima. Procrastinar es veneno y no aceptar el cambio es igualmente tóxico. Nos vamos a hundir en la mediocridad y en el conformismo, pudiendo comernos el mundo y ser nuestra mejor versión.

    La pregunta de siempre es: ¿Cuánto tiempo vas a aguantar así? ¿Cuánto tiempo podrás seguir autoengañándote y viviendo en el dolor?

    😉

  12. Guauuu! Me ha encantado.
    ¿Cómo crees que reaccionarían las personas que más envidia sienten al leer un post como éste? Tomarían consciencia o no se darían por aludidos??
    Creo que a más de uno nos vendría bien leer este artículo cada cierto tiempo, por si acaso, jejeje.
    Un abrazo Ana.

  13. Gran artículo, ¡nunca había reflexionado tanto acerca de la “envidia sana”! Permíteme que comparta una idea basada en mi experiencia personal que me ha nacido al leer tu texto: creo que la “envidia sana” es también una emoción común que usamos como excusa para no hacer nada los que procrastinamos como forma de vida. Yo lo veo de la siguiente manera: Fulano tiene una cualidad que le lleva a tener éxito en una faceta de su vida, y yo le dedico unas palabras de reconocimiento a él mismo, a un amigo delante de un café o para mí adentros (“hay que ver que admirable es Fulanito”). Y ahí se queda todo… el autoengaño obra el resto: “reconocerlo es suficiente”, “decirle que le admiras es suficiente”, “respetar sus logros es suficiente”… incluso el siguiente nivel de autoengaño, que sería contarse “hay que ver lo majete que eres que hasta se lo reconoces personalmente, ¡eres el mejor Alberto! ¡Qué observador, qué detallista!” y entonces, ¡ups! ¡Que me he olvidado de que yo podía accionar nuevas conductas y parecerme a Fulanito! Y así hasta la próxima vez que vea a alguien que admire y me llame la atención…

    Me encanta que tus artículos siempre nos hagan protagonistas de la película, no meros espectadores.

    ¡Gracias por escribir!

  14. ¡Hola Irene!

    Esa es la idea que quiero que saquemos del artículo: “cualquier emoción puede ser una oportunidad de autoconocimiento si sabemos encauzarla y reflexionar sobre ella”.

    No lo habría dicho mejor. Gracias por pasarte 😉

  15. ¡Gracias Patricia!

    Mi misión es que todos nos demos cuenta de la intención positiva de cada emoción, y esa misión pasa por tocar la envidia, los celos, la ira… Creo firmemente que todo tiene una perspectiva positiva y de crecimiento si nos permitimos verlo de esa manera, pero nos tienen que cambiar el chip. ¡Y eso es lo que pretendo con este artículo!

    Gracias por pasarte 😉

  16. La verdad es que tienes razón, Ana: cualquier emoción puede ser una oportunidad de autoconocimiento si sabemos encauzarla y reflexionar sobre ella. Cuando era más joven recuerdo que tenía mucha envidia de muchas personas, y ahora, pensando sobre ello, creo que puedo relacionarla con la baja autoestima. Tu artículo me ha servido para hacerme consciente de que esa envidia “mala” ha desaparecido en mí; espero que a partir de ahora toda la envidia sea de la buena =) Un abrazo!

  17. Hola Ana,

    Me ha encantado esta presentación de la envidia y sus funciones, hay poca bibliografía al respecto y es una invitación estupenda a la reflexión.
    Aun existe resistencia a creer que algunas emociones como la tristeza, la rabia o la envidia (que suelen tener connotaciones negativas) puedan tener una función positiva. En este sentido, me parece una estupenda propuesta la de contemplar la envidia como un incentivo a la acción desde la admiración y el respeto. Lo verdaderamente tóxico es cuando la envidia se adultera, no te deja crecer, ni alegrarte por los éxitos de los demás, entonces limita y bloquea.

    ¡mmm me da mucha envidia (sanísima) este artículo!

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