¿Qué es el pesimismo y la personalidad pesimista?

Cuando alguien plantea peligros, consecuencias negativas ante hechos determinados, y ve el lado negativo de las cosas, solemos sentenciar que esa persona es pesimista. Una persona con personalidad pesimista también es depresiva, criticona, desconforme y quejosa.

Su filosofía de la vida es una actitud negativa, prefiere creer que las cosas siempre empeorarán y considerar solamente el lado desfavorable de los hechos, sin ver la posibilidad de ninguna alternativa viable. En palabras más simples, creen que viven en el peor de los mundos posibles, o algo parecido.

El pesimismo y la tristeza

Ciertamente, una persona pesimista tienda a tener una vida llena de tristeza, pero no necesariamente debe estar ligado a un sentimiento de dolor o síntomas depresivos.

De cierta manera, ver la realidad en la que se vive con poco optimismo y de forma totalmente negativa puede producir la pérdida de la esperanza en la mejora del bienestar personal, lo que resulta en tristeza, incertidumbre, y hasta puede ir de la mano de la indefensión aprendida, mostrando pasividad cuando las acciones para modificar las cosas no producen el fin previsto.

Cabe destacar que existen diferentes tipos de pesimismo, y algunos dejan ventana abierta a la esperanza. Por ejemplo, ver las cosas de la peor forma posible en momentos de injusticias u opresión puede traer tristeza,  pero cuando se percibe aquello que el resto de las personas no ve puede dar lugar a la posibilidad de construir una mejor calidad de vida.

Las características de las personas pesimistas

La personalidad pesimista se caracteriza por diversos aspectos:

  1. Egoísmo

Las personas pesimistas y derrotistas suelen actuar de un modo egoísta. Con frecuencia se niegan a colaborar en diversas causas o hasta con personas a quienes estiman, justificándose por tener sus propias necesidades y problemas.

  1. Celos

Las personas con una personalidad pesimista sienten celos constantemente, ya sea que lo expresen o no. Suelen pensar que las cosas nunca resultan para ellos pero sí para los demás. No notan lo que es bueno en su vida, sino que se enfocan en todo lo que les falta.

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  1. Derrotismo

Siempre esperan lo peor de todo. Cuando encaran un proyecto antes que nada piensan en lo que puede salir mal, y no solo eso, sino que planifican para cuando lo malo suceda, en lugar de ver lo negativo como solo una de tantas opciones.

  1. Fracaso

El pesimista es un gran especialista en identificar el fracaso y la falla de todo, en especial de sus propias acciones. Nunca notan su éxito y se rinden a mitad del camino. Abandonan las cosas a medio hacer, y nunca terminan un proyecto porque piensan que va a salir mal.

  1. Más resistentes ante el duelo

Los procesos de pérdida, definidos como procesos de duelo (no necesariamente los relacionados con la muerte), son enfrentados de forma diferente por los individuos pesimistas. Como tiempo atrás ya han ido maquinando la posibilidad de que algo malo pase, el efecto de los duelos queda amortiguado. De algún modo, se muestra una mayor estabilidad emocional.

  1. No tiene por qué ser patológica

La personalidad pesimista no es ningún trastorno mental, simplemente se trata de un estado psicológico donde una persona no ve la vida de la misma manera que una persona promedio, que no necesariamente es optimista. Pero cabe destacar, que ciertas patologías si están estrechamente relacionadas con el pesimismo, como lo pueden ser los trastornos depresivos cuando son manifestados mediante sus síntomas.

No deja de ser un rasgo de personalidad

El pesimismo y el mal humor se ven siempre como sentimientos negativos que debemos erradicar, y que no traen nada bueno. Pero no necesariamente signifique que tengamos que vivir en un estado de preocupación o tristeza.

El ser humano es una especie temperamental, y nuestros constantes cambios de humor son un instrumento que sirve para dar forma a nuestras estrategias cognitivas y emocionales. La tristeza o la ira, por ejemplo, siempre que no se conviertan en algo patológico, cumplen su función, y son positivas para realizar determinado tipo de tareas.

¿Qué dice la ciencia del pesimismo?

Que veamos la vida de color de rosa o con tonos grises podría estar escrito en nuestros genes. Un estudio realizado en la Universidad de la Columbia Británica afirma que existen personas cuyo ADN las predispone a ver siempre el vaso vacío.

Los pesimistas genéticos tienen una variante del gen ADRA2b que influye en la hormona y neurotransmisor norepinefrina, que juega un papel esencial en la creación de recuerdos emociones y en la percepción del transcurso del tiempo.

Quienes la tienen en su genoma viven los momentos que suponen una carga emocional negativa con más intensidad que el resto, y además detectan con más facilidad los rostros enfadados en medio de una multitud y los peligros que acechan en un entorno natural (una piedra a punto de caerse, un suelo resbaladizo…), donde otros aprecian, sobre todo, la belleza. Dicho de otro modo, su percepción emocional está genéticamente configurada para identificar el lado oscuro de las cosas.

Pero los expertos también afirman que el ver todo lo malo en la vida tiene su parte buena, ya que comprobaron que ser demasiado optimistas sobre lo que puede pasar en el futuro es peor para la salud que tener unas expectativas más moderadas de lo que puede ocurrir. Expresan que lo beneficioso del pesimismo es que empuja a las personas a vivir de forma más precavida y a cuidar la salud de manera más atenta.

¿Pesimismo o realismo?

Vulgarmente, tendemos a asociar lo realista con lo pesimista. Pero éste es un hecho que ya lleva a sus espaldas siglos de tradición: la corriente del Realismo siempre ha estado caracterizada (según los críticos de fuera) por sus altas dosis de pesimismo, de oscuridad en las formas, de des-sensibilización de los fenómenos y de mostrar, de forma clara y directa, los aspectos más ‘crudos’ y duros de la realidad de la época.

Según mi parecer, el realismo no implica de ninguna manera que exista pesimismo; más bien, esta disfunción es un error causado por una incorrecta asociación y valoración de los fenómenos.

Pero la pregunta sigue abierta:

¿Por qué hay que tomar una actitud optimista ante la realidad?

Si bien una actitud pesimista puede hundir al practicante en un estado depresivo, llenar su existencia de penas innecesarias y malestar gratuito, ¿por qué hay que tomar la vía del optimismo? ¿No es acaso este otro modo de vivir una fantasía, en este caso, para bien?

 

Acerca del Autor

Edith Gómez es editora en Gananci, apasionada del marketing digital, especializada en comunicación online. Se niega a irse a la cama cada noche sin haber aprendido algo nuevo. Le inquietan las ideas de negocio y, más aún, aportar una mirada creativa al pequeño mundo en el que vivimos.