Muchas veces me pasa en mis sesiones de Coaching que cuando digo “cambio de creencias” la gente se me asusta. Quiero aclarar que cuando en Coaching hablamos de creencias no nos referimos a religión, no nos referimos a fe ni a creencias religiosas. Cuando decimos creencias queremos referirnos a esos pensamientos que guían nuestros actos y, en definitiva, nuestra vida.

Diferenciamos dos tipos de creencias o pensamientos: aquellas que te potencian y aquellas que te limitan.

CREENCIAS POTENCIADORAS  vs  CREENCIAS LIMITANTES

Por creencias potenciadoras nos referimos a esos pensamientos que te dices a ti mismo/a y que guían tu comportamiento a cosas positivas. Por ejemplo, una creencia potenciadora sería “Yo puedo aprobar este examen”. Tener ese pensamiento aumenta nuestra autoestima, nos eleva la confianza y permite que tengamos una alta motivación.

Sin embargo, las creencias limitantes son aquellos pensamientos que nos impiden crecer, que no potencian nuestro comportamiento hacia cosas deseables. Por ejemplo, una creencia limitante sería “No sé hablar en público”. Esa creencia nos llevaría a evitar a toda costa situaciones que impliquen hablar en público o enfrentarnos a mucha gente, por tanto, no nos invita a mejorar y ya no hablamos si nuestro sueño es ser un cantante famoso.

Es muy importante señalar que en Coaching no se trata la superficie del problema (en otro momento hablaré de la profundidad del proceso de Coaching), sino que se trabajan emociones, las creencias y los valores que están relacionados con el comportamiento a eliminar o con la meta a conseguir. Por eso es capital tratar las creencias, ya que son las responsables de nuestro comportamiento.

Si piensas “nunca voy a adelgazar”… ¿a dónde te lleva ese pensamiento? Por mucho que lo intentes, por mucho que “conscientemente” quieras lograrlo, en tu cerebro está grabado a fuego que “NUNCA VAS A ADELGAZAR”. Si por  el contrario sustituyeras esa creencia, ese pensamiento, por “Puedo y quiero adelgazar” será mucho más fácil que lo consigas, porque tu mente y tu cuerpo irán enfocados hacia la misma dirección.

ENTONCES, ¿CÓMO CAMBIO MIS CREENCIAS?

Bueno, aquí os voy a dejar los pasos necesarios para conseguirlo.

1. DARTE CUENTA de ellas. Es decir, saber que existen y que están guiando tu pensamiento circular y tu conducta. Date cuenta de cuándo aparecen y de cómo te hacen sentir.

Apúntate a mi MiniCurso gratis y empieza a dominar tus emociones

2. QUERER CAMBIARLA. Muchas veces esa creencia está ahí porque cumple una función para nosotros: protegernos, evitar que nos hagan daño, darnos espacio, etc. No siempre se quieren cambiar las creencias porque cambiar es costoso y mucha gente prefiere quedarse en su zona de confort. Primero pregúntate si quieres deshacerte de esa creencia o no.

3. NUEVA CREENCIA. No vale con deshacerse de la vieja creencia y ya. Esa creencia sigue estando en nuestra mente, sigue resonando como un eco y, si no la callamos, volverá a hacerse fuerte. La idea es cambiarla por otra creencia que cumpla la misma función pero que sea potenciadora. Recuperando los ejemplos anteriores, si has decidido cambiar “Nunca vas a adelgazar” porque esa creencia te mantiene en tu zona de confort y has decidido salir de ahí, deberías cambiar la vieja creencia por una nueva con la suficiente fuerza como para que sustituya la anterior. “Puedo y quiero adelgazar” podría ser una opción, ya que evoca acción, emoción y compromiso.

4. PRACTICAR MUCHO. La vieja creencia se ha forjado durante mucho tiempo… quizá años. Si durante años has estado pensando una cosa, es muy difícil querer cambiarla de la noche a la mañana. Te recomiendo que cojas la nueva creencia y la repitas hasta hacerla una realidad, y cuando detectes que vuelves a pensar en la antigua, recuérdate “No, esa era la vieja creencia, que he decidido sustituir por esta otra”.

Te invito a que empieces a cambiar las creencias que te limitan por otras que te potencian. Y es que ya lo decía Gandhi:

“Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras.

Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos.

Cuida tus actos, porque convertirán en tus hábitos.

Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino.”

Mejora tu inteligencia emocional con mi Minicurso Gratuito
x